Con afecto y cariño a quienes se lo dedico.

Posted: martes, 24 de junio de 2014 by Vicente "BleyCi" in
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En el reloj son ya las 03:15 de la madrugada y un humilde servidor por más que se empeña esmeradamente en buscar la forma exacta, no llega a alcanzar el ansiado sueño que bien correspondería sensatamente llegados a este extremo del día. Podría perfectamente enumerar las distintas causas de este maldito insomnio, pero centraré mi atención solamente en dos, haciendo una selección un tanto selectiva.

Primero, del lado de la casa del vecino llega como un rumor lejano provocado por un ambiente distendido de cordialidad absoluta que envuelve en su manto a una mesa y a un puñado de viejos amigos. Y segundo, poco antes de decidirme a ponerme a los mandos de un teclado para dar expresión a mis sentimientos, la trastienda de mi conciencia ha caído presa de lo que podría llamarse la nostalgia de un pasado, que aunque reciente, lo siento como si estuviera postrado sobre un sillón que se balancea, a esa edad en la que uno considera que ya  ha hecho todo lo posible ese corto espacio de tiempo que es la vida de un hombre y su actividad principal se limita a hojear las hojas de ayer.

Hablar de mi pasado más reciente, el cual salpica a este presente, es hablar de Cuenca, como telón de fondo, igualmente es hablar del primer año transcurrido en la Universidad, como meta formal, y, por supuesto y lo más importante, es no parar de hablar de aquel grupo de personas maravillosas, que empezó siendo grande en un principio, y sigue su trayectoria vital siendo lo más divinamente grandioso que existe sobre la faz. Habrá quienes se levanten de su butaca para protestar, alegando que mi opinión personal no es nada parcial, que si tomamos en consideración todo lo que se ha viso, no es nada tan de color de rosa. Sobre esos pestíferos, ¿qué decir? La falsedad intrínseca a su personalidad será la encargada de llevárselos a la tumba lo bastante pronto por acción de la justicia. 

Dado que creo con toda la sinceridad que cabe en mi corazón que ese grupo grande de personas, ahora en estos tiempos grandioso, son excepciones honorables hechas al común de los mortales, no daré el paso en falso de hace aparecer una crítica del tipo que sea, básicamente porque yo –qué poco me agrada utilizar dicho artículo pronominal- soy del género de quienes las cosas malas que pueden producir malentendidos, las dice a la cara y con la mirada clavada en los ojos del otro.
Por otro lado, pronunciar nombres dando información directa solo contribuiría a provocar que alguien se quedase fuera y pudiese sentirse ofendido y así de esta manera se crearía una escala piramidal, y aquí nuestro amigo Vicente está muy lejos de cumplir con este cometido.  Mejor hablaré a medio camino entre la abstracción y la realidad constatada sobre el terreno.

Todavía recuerdo  vuestras caras en el trágico día de nuestra despedida y posterior marcha. Yo intentaba dibujar una sonrisa lo que conllevaba un hacer un trabaja agotador, pues la pena me invadía. Quién lo haya vivido, sabrá muy bien que las despedidas son de un amargo sabor,  y sobre todo más ahora que la dama Chavela Vargas nos dijo adiós no hace mucho tiempo.  Debo reconocer que sentí correr por mis venas la pena sí, pero no tanto, puesto que los golpes duelen menos cuando se les espera.  Esto es, tenía la certeza, mal que me pesara, de que un distanciamiento temporal aguardaba paciente a que llegase su momento. Distanciamiento que debe ser utilizado siempre en nuestro beneficio común, el de todos, a través de la vía de los buenos ratos con seres queridos a los que algunos, obsérvese una en especial, no abrazaban ni daban dulces caricias desde largo tiempo atrás; a través también del aprendizaje con nuevos libros de leer para nutrir lenta y pausadamente nuestra mente de conocimientos útiles.

Ahora siento decir que me flaquean las fuerzas a tenor del cansancio de estas horas, y la luz que me iluminó al plasmar la primera palabra va perdiendo su brillo cada vez más conforme avanzan los minutos y segundos. Siendo que es el momento perfecto para meterme al sobre y dormir plácidamente. Mañana supongo que leeréis este breve escrito y hoy deseo con cierto fervor que os acerque a mí fuero interno y a la idea inequívoca que tengo acerca de ustedes, compañeros de viaje.


“Partimos a disiparnos.”

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