EN HOMENAJE AL C.B. LA SOLANA.

Posted: jueves, 16 de mayo de 2013 by Vicente "BleyCi" in
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28/04/2013




Miro el reloj para ver qué hora es y es entonces cuando las agujas señalan las doce de la noche cuando “ipso facto” se vuelven a cruzar en el sitio exacto donde volvieron a coincidir hará ahora doce horas justas y cabales. Ahí es cuando además decido escribir esto, que a algunos les parecerá una “sopla pollez cursilona” fruto del aburrimiento más mortal, pero que a otros les parecerá una expresión por escrito de todo un sinfín de emociones, sentimientos y pensamientos tan dispares que han hecho de mi su presa entre los días en los que se ha desarrollado la fase final de baloncesto de Castilla-La Mancha en La Roda.




En primer lugar, me centraré únicamente en lo estrictamente deportivo. ¿Qué puedo decir qué no sea ya conocido por todos los que me están leyendo? ¿Hablamos de números, cifras, estadísticas, victorias o derrotas? Pues, muy a mi pesar, eso sí, tendré que al menos dedicar parte de esta auto-confesión a hablaros de datos que, a fin de cuentas, no representan ni la milésima parte de allí convivido y vivido. Esperen… ¿y por qué no le echáis un ojo a los resultados por vosotros mismos aquí? Es que resulta que me aburro mucho-bastante cuando oigo hablar de números inertes y desafectivos y, además, visitando la página de la Federación ayudáis a quitarle las telarañas.
Por otra parte, después de hablaros por encima de los números-resultados, ahora sí que sí, hablemos de las personas las cuales conforman un colectivo baloncestístico que por motivos geopolíticos suyo es el nombre de CB La Solana. Éste sin duda alguna es más querible que los números.
Os hablo a modo de introducción de Fernando (míster), de Pablo, “Melendi”, “Marmeto”, Ángel, Santiago, Micael, Cayetano, “Trape” (el señor de la mopa), “Cristina”… y tantos otros y otras que, aunque no ofrezcan asistencias, no anoten puntos, no atrapen rebotes “sacando los codos” o “hagan MURALLA” (por lo menos a lo respecta en el equipo junior), sí son el carburante necesario de nuestro motor. De veras, lo más seguro es que me ocuparía mucho tiempo deshacerme en palabras de agradecimiento dedicadas a ellos y por esta razón y no por otra, evidentemente, resumiré toda mi estima en un siempre y siempre sincero; “no os olvidaré nunca”, es más, estaremos en contacto, vaya donde me vaya a estudiar.




Ahora es el momento en el que me apetece hablaros de los verdaderos protagonistas de este, llamémosle, escrito. ¿Qué quiénes son? Nada más y nada menos que los guerreros valerosos, los magos habilidosos del balón, los jugadores del equipo de baloncesto  -donde se da la casualidad que yo también estoy incorporado- del vestuario, y sobre todo lo demás, son las únicas, irrepetibles e inigualables amistades que un día tejí allá por cuando cursaba sexto de primaria. La memorable medalla de oro en el Mundial de Japón 2006 ganada meritoriamente a manos de la selección española fue la chispa que prendió la mecha de nuestra unión forjada con hierro “al rojo vivo”. Sí, lo recuerdo si fuera ayer; las canastas de mini-basket, jugando a lo ancho de la pista, vistiendo de indumentaria un chanda en los entrenamientos, el griterío que se traía Abadillo que a más de uno dejó medio sordo… Éstos y tantos otros puñados de recuerdos son y serán huellas dactilares imborrables  en mi memoria que a todas horas me hacen recordar quién soy. Sí, es cierto que antes de que se constituyera el primer equipo alevín de La Solana, unos cuantos de nosotros ya habíamos tenido el placer de ser parte de un equpo integrado por chicos algo más mayores y fuertes que nosotros. No es difícil de imaginar que yo pasaba más tiempo -con un diferencia digna de consideración- con el culo postrado en el asiento del banquillo que jugando en minutos en pista. He de confesar que hubo ratos en los que ardía del deseo de que llegara el descanso y así poder “soltar las piernas”. ¿La lección positiva que aprendí ese año? A no decirle a mi entrenador “ni mu” sobre la tremenda desproporción que sufría en relación a minutos banquillo-juego. Tuve que volver a echar mano de dicha lección cuando entré en la que ha sido mi última categoría en el baloncesto de competición; juvenil. No obstante, no lo tomen como un “casus belli”, no era mi intención… Mejor véanlo como si estuviese ordenando mi habitación porque está hecha un estropicio y, de pronto, me reencontrase con unos juguetes que de pequeño me fueron regalados por personas a las que le guardo un cariño especial. ¿Cuál sería mi reacción instintiva? Salir corriendo todo lo que pueda a buscar a aquellos que tuvieron el detalle de regalármelos, y darles las GRACIAS POR LA FELICIDAD que imprimieron en mi corazón tan sensible, por suerte o por desgracia.



El deporte en grupo en general y el CB La Solana en particular, han representado para mi tantas cosas que para expresarlas todas sin excepción tendría vaciar el suministro entero de bolígrafos de cualquier papelería, y no es poca cosa lo que estoy diciendo… Eso sí, diré solo que el baloncesto ha hecho en mi la misma función que se le puede poner a esas manos de alfarero que tantean, palpan y moldean un “pegote” de arcilla para hacer de él una figura artesanal semi-perfecta dotada de una personalidad singular que dará buena fama y reconocimiento al artista, porque allá donde vaya nunca jamás diré algo malo, nunca jamás tendré una palabra malsonante cuando toque hablar de el club de mi vida: el CB LA SOLANA, mi “alma mater”.











 Pido disculpas por el retraso en subir la entrada.









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